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domingo, 9 de agosto de 2015

Errar es Humano pero...

¡Echarle la culpa a otro es más humano todavía!




¡Uy! ¿Viste el ruidito que hacía Juan con la lapicera? ¡¡como molestaba!! ¡Estaba insoportable!
¿No les pasó nunca algo así? 

¿Se pusieron a pensar que a veces uno acusa y señala demasiado rápido? Hoy queríamos contarles sobre el fundamento de la Gnosis.

En situaciones así, como en cualquier situación que nos irrita, nos entristece, nos genera envidia o lo que sea! en realidad nosotros no estamos viendo más que un “reflejo de nosotros mismos”. 
Qué queremos decir con esto, ¿que si el otro nos parece molesto nosotros somos molestos? mmm... bueno si lo quieren poner en esos términos… ¡Sí! Aunque no seamos tan literales, vamos a ver de qué se trata. 


Esto en términos Gnósticos se llama “acusarse a sí mismo” y es parte de la Psicología Revolucionaria que cada uno debe aplicar en su vida si quiere mejorar o simplemente cambiar. Nos enseñan que hay en cada uno de nosotros algo que nos amarga la vida y contra lo cual necesitamos luchar firmemente… 
Pongámoslo así. A veces cuando uno comenta algo que nos molesta pero al otro no le preocupa (el ruidito de la lapicera que parecía algo trágico) y ahí nos damos cuenta que no es algo OBJETIVO, sino más bien SUBJETIVO y que pertenece a nuestra forma de INTERPRETAR. Ahora si pudiéramos cambiar esa forma de interpretar que nos angustia… ¿no les parece que cambiaría la situación? 
Esto se debe a que nosotros vemos el mundo a través de nuestros propios “lentes” que representan nuestra interpretación. Si pudiéramos cambiarlos o simplemente quitarlos, entonces veríamos el mundo con más “claridad”, y es a esto a lo que se le llama CONCIENCIA. 

En tanto sigamos creyendo que la culpa es del otro por hacernos enojar siempre vamos a depender de lo que pase afuera para sentirnos bien o mal. 
¡Se los dejamos picando!

domingo, 17 de mayo de 2015

Mito de Eros y Psique

Según la historia, inmortalizada por Apuleyo en su Metamorfosis (El asno de oro), Psique era la menor y más hermosa de tres hermanas, hijas de un rey de Anatolia. Afrodita, celosa de su belleza, envió a su hijo Eros (Cupido) para que le lanzara una flecha que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que encontrase. Sin embargo, Eros se enamoró de ella y lanzó la flecha al mar; cuando Psique se durmió, se la llevó volando hasta su palacio.

Para evitar la ira de su madre, una vez que tiene a Psique en su palacio, Eros se presenta siempre de noche, en la oscuridad, y prohíbe a Psique cualquier indagación sobre su identidad. Cada noche, en la oscuridad, se amaban. Una noche, Psique le contó a su amado que echaba de menos a sus hermanas y quería verlas. Eros aceptó, pero también le advirtió que sus hermanas querrían acabar con su dicha. A la mañana siguiente, Psique estuvo con sus hermanas, que le preguntaron, envidiosas, quién era su maravilloso marido. Psique, incapaz de explicarles cómo era su marido, puesto que no le había visto, titubeó y les contó que era un joven que estaba de caza, pero acabó confesando la verdad: que realmente no sabía quién era. Así, las hermanas de Psique la convencieron para que en mitad de la noche encendiera una lámpara y observara a su amado, asegurándole que sólo un monstruo querría ocultar su verdadera apariencia. Psique les hace caso y enciende una lámpara para ver a su marido. Una gota de aceite hirviendo (de la que Apuleyo hace un tópico medieval: stilla olei ardentis) cae sobre la cara de Eros dormido, que despierta y abandona, decepcionado, a su amante.

Cuando Psique se da cuenta de lo que ha hecho, ruega a Afrodita que le devuelva el amor de Eros, pero la diosa, rencorosa, le ordena realizar cuatro tareas, casi imposibles para un mortal, antes de recuperar a su amante divino. Como cuarto trabajo, Afrodita afirmó que el estrés de cuidar a su hijo, deprimido y enfermo como resultado de la infidelidad de Psique, había provocado que perdiese parte de su belleza. Psique tenía que ir al Hades y pedir a Perséfone, la reina del inframundo, un poco de su belleza que Psique guardaría en una caja negra que Afrodita le dio. Psique fue a una torre, decidiendo que el camino más corto al inframundo sería la muerte. Una voz la detuvo en el último momento y le indicó una ruta que le permitiría entrar y regresar aún con vida, además de decirle cómo pasar al perro Cerbero, Caronte y los otros peligros de dicha ruta. Psique apaciguó a Cerbero con un pastel de cebada y pagó a Caronte un óbolo para que le llevase al Hades. En el camino, vio manos que salían del agua. Una voz le dijo que les tirase un pastel de cebada, pero ella rehusó. Una vez allí, Perséfone dijo que estaría encantada de hacerle el favor a Afrodita. Una vez más pagó a Caronte y le dio el otro pastel a Cerbero para volver.
Psique abandonó el inframundo y decidió abrir la caja y tomar un poco de la belleza para sí misma, pensando que si hacía esto, Eros le amaría con toda seguridad. Dentro estaba un «sueño estigio» que la sorprendió. Eros, que la había perdonado, voló hasta su cuerpo y limpió el sueño de sus ojos, suplicando entonces a Zeus y Afrodita su permiso para casarse con Psique. Éstos accedieron y Zeus hizo inmortal a Psique. Afrodita bailó en la boda de Eros y Psique, y la hija que éstos tuvieron se llamó Placer o (en la mitología romana) Volutas.



Fuente: Wikipedia